:: MIGUEL VILLAMERIEL
PAMPLONA. Uxue Barkos (Pamplona,
1964) se convirtió hace cuatro
años en la primera presidenta
abertzale de Navarra y tuvo que vencer
las «resistencias» que encontró
en parte de las instituciones y de la
propia sociedad navarras. También
ha tenido que mantener cuatro «platillos
chinos» en equilibrio para conseguir
que su Gobierno cuatripartito
–sustentado por Geroa Bai, EH Bildu,
Podemos e I-E– llegara al final de
la legislatura pese a los problemas
que han vivido estas formaciones.
–A mes y medio para las elecciones
forales, ¿el «Gobierno del cambio»
ha supuesto un auténtico cambio
para Navarra?
–Ha sido un cambio profundo que se
ha vivido con absoluta normalidad.
Algo que choca mucho con aquel relato
del apocalipsis que creó la oposición
al inicio de la legislatura.
–¿Qué logros destacaría en estos
cuatro años?
–Primero, la normalidad en el cambio.
Ha sido una legislatura con una
enorme estabilidad que nos ha permitido
trabajar por el interés general
de la sociedad navarra. Ha habido
hitos como la actualización del Convenio,
la incorporación de Navarra a
la Eurorregión o la consolidación de
Navarra como una región puntera en
Europa en el aspecto económico.
–¿Han quedado cosas en el tintero
respecto a lo que pretendían?
–Siempre quedan... El acuerdo programático
que dio sustento a este Gobierno
era muy ambicioso, un pacto
de máximos, y han quedado cosas
por hacer. Pero en las líneas esenciales,
la dirección ya está tomada.
–¿Los deseos con los que alguien
llega al gobierno por primera vez
suelen chocar con la realidad?
–Sí, por descontado. Al llegar al Gobierno,
nos encontramos con unas
cuentas bastante desordenadas y depauperadas,
consecuencia lógica de
la crisis económica, pero también de
una gestión nada eficiente. Hoy tenemos
una cuentas relativamente
saneadas, aunque seguimos viviendo
una crisis estructural.
–¿Ha logrado acabar con el mito de
que no podía haber una presidenta
abertzale en Navarra?
–La realidad combate cualquier duda.
Hemos llegado al final de la legislatura
con estabilidad, con una gestión
más que eficiente, y con la convicción
de haber trabajado para el conjunto
de la ciudadanía. Sin olvidar a
ninguna parte, me da igual si mayoritaria
o minoritaria, como ocurría
antes. Entender la pluralidad identitaria
de Navarra como una riqueza
y no como un elemento que enfrenta
es una aportación de este Gobierno.
–¿Calificaría su mandato como el
de una presidenta abertzale?
–En mi discurso de investidura dejé
claro que era una presidenta aber -
tzale en una Comunidad que mayoritariamente
no lo es. Por ello, jamás
trabajaré desde el Gobierno de Navarra
en contra de la voluntad mayoritaria,
aunque tampoco olvidaré
las posiciones minoritarias. En la
composición actual del Parlamento,
las posiciones abertzales o vasquistas
pueden representar un 34% si sumamos
solo a Geroa Bai y EH Bildu.
Un tercio de la población de Navarra
que se había visto ninguneada durante
demasiado tiempo.
–¿En algún momento ha podido herir
alguna sensibilidad?
–Algunas actuaciones de mi Gobierno
se han entendido en esos términos,
pero no hay datos que lo avalen
más allá de los discursos partidarios.
–Al llegar al Gobierno dijo que no
quería promover una «revancha
contra el antivasquismo de UPN
durante 40 años». ¿Ha podido evitarlo?
–Por supuesto. Hemos tratado de actuar
con sentido común, y le pongo
el ejemplo del euskera. Nos encontramos
con datos tan lacerantes como
que en el complejo hospitalario de
Navarra, con cerca de 3.000 funcionarios,
solo uno acreditaba un perfil
con conocimiento de euskera, aunque
pueda haber otras personas que
lo hablen. En las nuevas convocatorias
hemos empezado a revertir todo
eso, pero estirando el tiempo para lograr
una adecuación de la Administración
a la realidad socio-lingüística
de Navarra. Sin castigar en absoluto
a la parte de la sociedad que no
habla euskera. Hemos trabajado para
el conjunto de la ciudadanía sin políticas
revanchistas de ningún tipo.
–¿Ha ido con pies de plomo?
–Lo hemos intentado. Quiero recordar
que esta legislatura algunos partidos
de la oposición han convocado
manifestaciones de desagravio a la
bandera de Navarra porque, supuestamente,
este Gobierno pretendía
imponer ikurriñas. Pero no se han
impuesto en ninguna institución,
desde luego en ninguna institución
foral. Solo se colocaron en aquellas
entidades municipales donde la mayoría
democrática así lo decidió. Convertir
esto en un elemento de confrontación
ha sido una de las grandes
equivocaciones de la oposición,
aunque es una buena muestra de que,
en lo que a gestión se refiere, este
Gobierno tenía pocas aristas.
–¿La alianza electoral entre UPN,
PP y Ciudadanos refuerza su sensación
de que la oposición está nerviosa
por si no puede relevarle?
–Absolutamente, y lo han reconocido
ellos mismos. Lo que más me preocupa
de esa unidad no es la expresión
de debilidad que conlleva, sino
que un partido como UPN, al que
siempre he reconocido su defensa
del fuero, abra la puerta a formaciones
como Ciudadanos, que ha anunciado
que pretende terminar con algunas
herramientas básicas del autogobierno.
Es una decisión muy grave
que solo se explica desde el miedo
electoral.
–¿Cómo ha conseguido que su Ejecutivo
llegue indemne al final de
la legislatura después de los problemas
que han vivido los cuatro partidos
que lo sostienen?
–Son cuatro fuerzas con sus diferencias
y que han atravesado problemas
importantes, pero en su día acertamos
al pactar un programa de gobierno
sólido. También creo que fue un
acierto evitar un Gobierno de cuotas.
En eso fui firme y fue la mejor
fórmula para que las crisis internas
de los partidos no nos afectaran. Aunque
el Gobierno ha vivido las suyas.
Los platillos chinos
–¿Ha tenido que hacer encaje de bolillos
para mantener la unidad?
–Han sido cuatro años de mantener
girando los platillos chinos. Ha sido
trabajoso, pero también provechoso.
–¿Al final han logrado silenciar los
mensajes apocalípticos?
–Recién llegados, el director de la Cámara
de Comercio de Navarra anunció,
sin ningún rigor, que el 60% de
las empresas iban a salir a Navarra.
Hubo muchas piedras en el camino
y fue duro, pero el apocalipsis no solo
no ha venido, sino que hemos ordenado
cuentas, hemos pasado de un
14% de tasa de desempleo a un 10%,
hemos contenido la tasa de pobreza.
Se ha demostrado que los que anunciaron
el apocalipsis mintieron.
–Una de las críticas que suele hacerle
la oposición es que quiere anexionar
Navarra a Euskadi. ¿Ha dado
algún paso en ese sentido?
–(Risas) Ni uno solo. Primero, porque
en estos momentos las mayorías
son las que son, y una activación de
la transitoria cuarta de la Constitución
daría como resultado un ‘no’. Segundo,
yo no creo en la anexión de
Navarra a Euskadi, sino que veo más
razonable una Navarra comprometida
en la acción con el resto de los
territorios forales. En estos últimos
40 años se ha fabricado una posición
de rechazo hacia lo vasco que no se
corresponde con la relación normalizada
que existía desde el inicio del
siglo XX, y ahí está la creación de los
colegios profesionales vasco-navarros.
Había una realidad, claro que la
había, aunque ahora es impensable
impulsar un proceso de unión.
–¿Por qué cree que partidos como
UPN o el PP insisten en esa idea?
–Lo que les da miedo es que ese 30%
de población vasquista haya llegado
a las instituciones navarras y esté gobernando
con normalidad. Porque
con esa imagen la sociedad navarra
puede perder el miedo a una relación
con el resto de los territorios forales,
que es la razón de ser de formaciones
que basan su discurso en el antivasquismo.
La portavoz del PPN, Ana
Beltrán, llegó a decirme en el Parlamento:
«Hay que echarla del Gobierno
antes de que la sociedad navarra
madure». Con eso lo digo todo.
–¿Cuánto han cambiado las relaciones
entre los gobiernos navarro y
vasco en estos cuatro años?
–Absolutamente. Navarra, por decisión
propia de las instituciones forales,
había decidido vivir prácticamente
de espaldas a la Comunidad Autónoma
Vasca, solo por motivos electorales
de UPN. Llegaron incluso a
sacar a Navarra de la Eurorregión para
no compartirla con Euskadi.
–Hace dos semanas coincidió con
Iñigo Urkullu en la reunión anual
de la Eurorregión Nueva Aquitania-
Navarra-Euskadi. ¿Ha encontrado
sintonía con el lehendakari?
–Sí. Nos conocemos desde hace muchos
años y es una persona a la que
siempre he admirado en lo político.
Hay sintonía y una magnífica relación
entre ambos gobiernos.
–El día en el que ETA anunció su disolución,
usted y Urkullu realizaron
un acto conjunto en Bertiz para
anunciar algunos objetivos compartidos
sobre la memoria crítica
del pasado o cambios en la política
penitenciara. Desde entonces, ¿han
logrado algún avance?
–Son acuerdos que tienen importancia
en su desarrollo temporal y no
tanto por lo que se cuenta. Aquella
declaración subrayaba que esta sociedad
tiene mucho trabajo por hacer
para superar el mal de la violencia
y avanzamos a velocidad de crucero.
–¿Cuando plantea la memoria crítica
del pasado percibe incomodidad
en su socio EH Bildu?
–Geroa Bai y EH Bildu tienen diferencias
sustanciales en esta materia.
Quien en su momento entendió la
violencia como herramienta de acción
política está a una distancia abismal
respecto a mí, pero ¿esa distancia
se puede superar? Sí, desde el momento
en que se renuncia a esa violencia,
y debemos tener la ambición
de lograr una lectura compartida que
concluya que la violencia nunca puede
ser una herramienta política.
Barkos sostiene que
el PSN «no puede poner
líneas rojas a EH Bildu
tras dar su apoyo a los
decretos de Sánchez»
:: M. V.
PAMPLONA. Uxue Barkos finalizó
hace diez meses el tratamiento del
cáncer que le detectaron hace ocho
años, que superó con éxito, y se siente
con fuerzas renovadas para pelear
una nueva legislatura al frente del
Gobierno de Navarra.
–¿Se ve de nuevo como presidenta?
–Me veo con ambición, fuerza y ganas,
aunque habrá que ver cómo responde
la sociedad navarra en las urnas.
Esta es una Comunidad muy plural
y a veces unos pocos votos inclinan
la balanza hacia un lado u otro
en el Parlamento.
–¿Volvería a apostar por el actual
cuatripartito?
–No sé si la ciudadanía navarra otorgará
a esas cuatro formaciones el respaldo
como para revalidar la mayoría
absoluta o si otro tipo de mayorías
obligarán a buscar otros acuerdos.
Pero tengo algo muy claro: desde
el inicio de la legislatura dije que
mi convicción era que el Gobierno
sostenido por los 26 parlamentarios
del cuatripartito estaría más reforzado
si en vez de 26 fueran 33, con los
7 del PSN. Así se respondía mejor a la
pluralidad de la sociedad navarra. Nos
hemos encontrado en muchas leyes
y debemos seguir encontrándonos
en la siguiente legislatura. Pero siempre
para sumar, nunca para restar.
–¿Entonces ve con buenos ojos una
alianza postelectoral con el PSN?
–Insisto en que siempre para sumar.
El PSN ha puesto algunas líneas rojas
a algunos socios del cuatripartito
(EH Bildu) y eso no lo comparto. Entiendo
la dificultad, pero en democracia
hay que avanzar con valentía
cuando aquellos a los que en su día
les pedimos que dieran un paso hacia
la política lo han dado.
–¿Cree que el PSN entraría en un
gobierno con EH Bildu?
–No sé cuál puede ser la fórmula en
la que todas las fuerzas se sientan cómodas,
pero los socialistas no pueden
tener la poca talla política de poner
líneas rojas a un partido que apoyó
la moción de censura que llevó a
su secretario general a la Presidencia
o que acaba de respaldar los decretos
del Gobierno de Sánchez en el Congreso.
Además, creo que se lo debemos
al conjunto de la sociedad, que
ha reclamado de forma abrumadora
unas vías exclusivamente políticas
y los partidos debemos ser capaces
de trabajar políticamente. Yo he tenido
grandes diferencias con EH Bildu,
pero eso no quiere decir que no
hayamos sido capaces de trabajar.
–¿La decisión de Sánchez de adelantar
las generales al 28 de abril
supone un contratiempo para usted,
a la vista de que Geroa Bai podría
no obtener escaño en el Congreso?
–Las generales nunca han sido unas
elecciones propicias para Geroa Bai
y, desde una visión tradicional de la
política, puede interpretarse que un
resultado discreto minaría nuestra
posición ante las forales. Pero los ciudadanos,
sobre todo los jóvenes, miran
cada vez más las elecciones en
función de qué sigla puede ser más
útil para cada función. No me preocupa.
–¿Era partidaria de que el cuatripartito
fuera en coalición al Congreso,
como hará para el Senado?
–Lo defendí antes incluso de que se
anunciara la coalición de la oposición,
pero hubo diferentes posturas
y al resto de las fuerzas entendieron
que era preferible ir en solitario al
Congreso. Yo no lo tengo tan claro.
–¿Qué tipo de Gobierno le gustaría
que hubiera en Madrid?
–Me gustaría que hubiera un Gobierno
progresista y, entre Sánchez y Casado,
prefiero sin duda a Sánchez. Espero
que sea un Ejecutivo dialogante